Ningún mechón de estrellas guarda ya / quien lloró su tristeza con Trystero

Boris Doval, Soldado Montonero & Caballero Punk

Boris Doval
Nuestro viejo amigo. Compañero revolucionario de militancia y poesía. De poesía militante. Maestro del ejemplo maldito, el rock garage y la contracultura menor. Pibe hijo de laburantes, que lleva orgulloso los Trapos Santos de Boedo. De joven, cuadro obrero, sobreviviente de las guerras floridas latinoamericanas, combatiente junto al pueblo contra el capital. Además, mozo full time, y paradigma del asado vertical. Padre proletario, neoyorkino marginado en Morón sur, lector carroñero. Sonrisa achinada de San José, flequillo Stone. Ciclista frecuente en los barrios límite de La Matanza y de Castillo. Fumador incorruptible de la vieja colección…

En Ciberescape...
Arsénico Querido era entonces, cuando lo conocí, en su plenitud, bien a principios del nuevo siglo, en un taller literario. Si pudiera trazar un paisaje breve, si bien animado, vivo con apenas unos cuantos trazos, y sin extenderme en anécdotas, diría que entonces, a poco de conocerlo, empezó la amistad. Progresivamente se dio inicio a conversaciones río, que de a poco iban desbordando algunas bocas de tormenta de la realidad, a prolongadas estancias nocturnas, y a caminatas sin rumbo sobre las ruinas de una Argentina devastada. Reuniones de discusión estética, de entusiasmo irracional, de lucha a la intemperie. Concilios del, para mí, aprendizaje brutal de la retaguardia y las revistas. Páginas raras, desconocidas y únicas, arqueología pura de la historia literaria de La Liga de Poetas del Oeste, con L. Lhooner y K. Rosberg como compañeros guía.

A punto de una bebida fresca
Entonces empezaban las peripecias de imprenta, las aventuras gráficas que conducirían, en el mejor de los casos, a la presentación efectiva de estas publicaciones, cuya forma debatíamos incesantemente. Presentaciones que supieron abrir con música de los Ramones, filmaciones ruteras hacia Luján, y cerraban, sin cerrar, con poemas prendidos fuego, literalmente. Luego más revistas, noches simultaneas y paralelas, lecturas imprescindibles, charla divagante a su vez exacta, y compartida devoción por la doctrina de Baco, Poe, Kerouac, Bukowski y Li Po. Noches que, según Philip K., se sucederán para siempre en el ciclo continuo del tiempo. Noches en las que ya nadie detiene nuestra risa, nuestras iluminaciones fugaces, nuestras eternas idioteces rebotando todavía como solitarias pelotas de tenis en los bares que aún siguen abiertos y en los otros que, dicen, no están más. Madrugadas sin corazón, tardecitas de un veranillo de San Martín, una caja interminable de papelillos ombú, un puñado de mañanas preciosas, enumeración que de caótica pasa a ser imposible. Mas, lo intentamos, y sin detenernos, en triunvirato ya permanente con Doval y Lhooner, armamos el taller propio y con el mismo un grupo creciente y fusionado, escritores, músicos, amigos y amigas, remolino de limados y vagabundas, que en ciertas calles del Morón Estelar, entre azar y destino, se inventan…

En el garage, leyendo un poema
Algunas publicaciones: Kólera, revista mural, pionera a finales de los 80, con Murdoxe. Aproximación al éterLa Bitácora & La Cofradía del Arca Negra, en el bar de Pulga y el bar de Dani. Los cuatro del buen humor y los conjuros. Un cienbrillos no es un ciempiés. La Bizca en Ciberarte. Palo santo en moribunda. Buenos Días Señor Phil, en el bar de las gordas, en Ciberescape, en el bar de Willy, en la 1924 y Morón Plaza, entre otros… 


Plaza de mayo con Lunita y Aimé

Soldado Monto
Estaciones que se multiplicaron avanzando cada vez más, rápida y lentamente: Eras Haedo o una después… Hasta que se hizo tarde en lo nuevo y dejamos el taller, hicimos un anuario y dejamos también aquellas revistas, tan necesarias como inútiles para este mundo, y desde entonces nos dedicamos tan sólo a la amistad. A la amistad necia con Kernel y el Pato Tanguero, presidente de los locos. Y con Baco, por supuesto. Y malva loca cultivada en la floresta de la enajenación, claro está. 

"eh, viejo!!"
Algunos Alias: Arturo Bonín. Boris Doval. El Auténtico. Hermes, viejo Matías, Hermesio. Bigotón, Lombardo, viejo rutilante, Stone Rolling. Comandante del hipersurrealismo, mutante, caballero punk, soldado Montonero, así le gustaba definirse él. Félix Alegría, su último seudónimo.

Doval, amigo, hoy vuelvo a darte un fuerte abrazo, aquí en esta hoja, pese a todo, y con el presentimiento de que puede sortear distancias, ausencia, malas despedidas y tiempo. Lamentablemente, tuve que aprender esto también con mi viejo: los buenos suelen irse antes. Si bien creo, y me tendrás que perdonar esta última cursilería, que los buenos nunca se van, al menos, del corazón. Y, con un poco de suerte, algo de sus ideas, de su estilo, y de su voz, nos queda.

Los necios, diciembre 2012
Y ahora, pongámonos de una buena vez aquellas botas tejanas y rajemos, viejo, y que la murcieligalidad y los gorilas nunca nos atrapen. 

Nuestro viejo amigo, también conocido como Jorge Ereñú



25 de mayo, 2013

Poemas de Doval en la Web: www.philrevista.blogspot.com // www.aeroparques.blogspot.com