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A punto de una bebida fresca |
Entonces empezaban las peripecias de imprenta, las aventuras
gráficas que conducirían, en el mejor de los casos, a la presentación efectiva de
estas publicaciones, cuya forma debatíamos incesantemente. Presentaciones que
supieron abrir con música de los Ramones, filmaciones ruteras hacia Luján, y
cerraban, sin cerrar, con poemas prendidos fuego, literalmente. Luego más
revistas, noches simultáneas y paralelas, lecturas imprescindibles, charla
divagante a su vez exacta, y compartida devoción por la doctrina de Dioniso, Poe, Baudelaire, Rimbaud, Artaud, Breton, Kerouac, Burroughs, Bukowski y Li Po, entre muchxs otrxs. Noches que, según Philip K., se sucederán para
siempre en el ciclo continuo del tiempo. Noches en las que ya nadie detiene
nuestra risa, nuestras iluminaciones fugaces, nuestras eternas idioteces
rebotando todavía como solitarias pelotas de tenis en los bares que aún siguen abiertos
y en los otros que, dicen, no están más. Madrugadas sin corazón, tardecitas de
un veranito de San Martín, una caja interminable de papelillos ombú, un puñado
de mañanas preciosas, enumeración que de caótica pasa a ser imposible. Mas, lo
intentamos, y sin detenernos, armamos con Doval el taller propio, en el que se irá formando un grupo creciente y fusionado,
escritores, músicos, amigos y amigas, remolino de limados y vagabundas, que en
ciertas calles del Morón Estelar, entre azar y destino, se inventan…
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En el garage, leyendo un poema
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Algunas publicaciones: Kólera, revista mural, pionera a
finales de los 80, con Murdoxe. Aproximación al éter. La Bitácora & La Cofradía del Arca Negra,
en el bar de Pulga y el bar de Dani. Los
cuatro del buen humor y los conjuros. Un cienbrillos no es un ciempiés. La Bizca en Ciberarte. Palo santo en moribunda. Buenos Días Señor Phil, en el bar de
las gordas, en Ciberescape, en el bar de Willy, en la 1924 y Morón Plaza, entre
otros…
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Plaza de mayo con Lunita y Aimé |
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Soldado Monto |
Estaciones que se
multiplicaron avanzando cada vez más, rápida y lentamente: Eras Haedo o una después… Hasta que se hizo tarde en lo nuevo y dejamos
el taller, hicimos un anuario y dejamos también aquellas revistas, tan
necesarias como inútiles para este mundo, y desde entonces nos dedicamos tan
sólo a la amistad. A la amistad necia con Kernel y el Pato Tanguero, presidente
de los locos. Y con Baco, por supuesto. Y malva loca cultivada en la floresta
de la enajenación, claro está.
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"eh, viejo!!" |
Algunos Alias: Arturo
Bonín. Boris Doval. El Auténtico. Hermes, viejo Matías, Hermesio, Bigotón, Lombardo, viejo rutilante, Stone Rolling. Comandante del
hipersurrealismo, mutante... caballero punk, soldado Montonero, así le gustaba
definirse él. Félix Alegría, su último seudónimo.
Doval, amigo, hoy vuelvo a darte un fuerte abrazo, aquí en esta
hoja, pese a todo, y con el presentimiento de que puede sortear distancias, ausencia,
malas despedidas y tiempo. Lamentablemente, tuve que aprender esto también con
mi viejo: los buenos suelen irse antes. Si bien creo, y me tendrás que perdonar
esta última cursilería, que los buenos nunca se van, al menos, del corazón. Y,
con un poco de suerte, algo de sus ideas, de su estilo, y de su voz, nos queda.
Y ahora, pongámonos de una buena vez aquellas botas tejanas y rajemos, viejo, y que la murcieligalidad y los gorilas nunca nos atrapen. |
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Mi viejo amigo, también conocido como Jorge Ereñú |
Ariel Guallar